MATERNIDAD A LOS 40

Metamorfosis de la Maternidad
He tenido que orientar y escuchar a algunas mujeres que anhelaban ser madres y sin embargo, les embargaba el miedo y en ocasiones la frustración por las veces que habían intentado y habían tenido pérdidas y/o fracasos en sus embarazos, o simplemente no llegaba el momento tan deseado por x motivo, entiendo perfectamente sus temores o frustraciones, yo misma tuve que orientarme, escucharme y ayudarme por esta misma razón. 

Ser madre a esta edad es un poco difícil. Cuando acudimos a la consulta médica nos lo explican, la edad no nos favorece, nuestros óvulos empiezan a envejecer. Aunque nuestro útero se mantiene en condiciones de poder anidar a un nuevo ser no dejan de aparecer las dificultades y nos hacen tomar conciencia de las posibles complicaciones. 

Aún con todo ello, estamos dispuestas a pagar el precio, hay algo innato en nuestro interior respecto a la maternidad, quizá un espíritu maternal que tenemos como un regalo de la vida. Ante esto, no podemos dejar de soñar, de luchar y tratar por todos los medios de realizarnos como madres, no podemos perder la guerra sin siquiera haber empezado a luchar, lo último que podemos perder es la fe y la esperanza. 

Podemos recurrir a la ciencia, hoy en día hay métodos y estudios que te ayudan a concebir, digo la fe y esperanza, porque también he visto mujeres que después de muchos intentos y fracasos al final lograron sus deseos, le llamamos milagro de Dios. 

En este artículo, quiero compartir mi experiencia personal respecto a cómo me sentí de desilusionada, frustrada, llena de ira y mucho dolor por ver lejos mi deseo de volver a ser madre, esta experiencia me hace comprenderte si estás pasando por lo mismo que yo. 


Cuando era apenas una joven deseaba tener 2 o 3 hijos, pero por cuestiones de la vida me quedé paralizada con mi primer hijo, lo tuve a los 21 años, por su puesto, un hijo muy soñado, deseado y esperado. Por fin, me había realizado como madre, fue el regalo más precioso que el cielo me envió, cambió mi vida por completo como casi en todas las madres, hasta el día de hoy siempre ha sido mi inspiración y mi motivación para superar muchos dilemas con los que tuve que enfrentarme en el día a día, estoy feliz de ser mamá, ahora de todo un joven. 


Al mirar las dificultades de la vida desde otra perspectiva, decidí no tener más hijos, anule el deseo de mi corazón por la venida de otro bebé, hasta que hace 4 años el deseo volvió a resurgir desde las profundidades de mi alma. Es entonces que decido no evitar un nuevo embarazo, mi marido y yo lo hablamos y nos preparamos ilusionados por esta oportunidad de ser nuevamente padres. Mi primer hijo ya había cumplido 15 años, hablé con él para hacerle participar sobre los nuevos planes. Para los hijos es importante que los padres les hagan participar o cuenten con ellos respecto a cambios familiares, decisiones o planes como desear o esperar un nuevo integrante en la familia. Al inicio no le pareció la idea, un hermano con tantos años de diferencia supondría que él también tendría que involucrarse en el cuidado del bebé y muchas cosas cambiarían, no deja de ser una preocupación para ellos, esto afecta a padres e hijos, y por los años que habían pasado desde mi primer embarazo, pondría en riesgo mi salud y el del bebé, es evidente que a un adolescente le costará comprender y asimilarlo, terminó aceptando e ilusionándose. 


Hace 3 años empecé a sentirme mal, empecé a tener dolor de cabeza, náuseas, malestar físico general, no lo relacioné con un embarazo, estaba en una época de mucho estrés, fue un año laboralmente intenso , sentirme mal era normal bajo estas situaciones, los malestares no cesaban, tuve que acudir a mi médico habitual, inmediatamente me hicieron la prueba de embarazo, salió positivo ¡Qué felicidad!  sería madre por segunda vez. Mi marido y yo lo esperamos con mucha ilusión, fueron las semanas estupendas de embarazo, aunque con unos malestares típicos del primer trimestre que no son nada agradables; además, por los tantos años que transcurrieron desde mi primer embarazo, había olvidado. Llegamos a las 11 semanas de embarazo, me empiezo a preocupar por unas pequeñas manchas de color marrón oscuro, no tengo dolor ni hemorragias, dejó pasar un día y al día siguiente se repite lo mismo, decido acudir a urgencias, me realizan las ecografías, confirman que el embrión es pequeño para las semanas de gestación  y me dicen que espere unos días más para ver si crece y hay mejoras. Hubieron casos similares, que en el transcurso de los días el feto alcanza la normalidad, espero 4 días y acudo a mi revisión habitual, me dan la noticia que la situación no mejoró para las 11 semanas y 4 días de gestación, imagina cómo nos sentimos. Regresamos a casa destrozados, espero 1 día más y vuelvo a manchar en una mínima cantidad, me voy a urgencias, me hacen todas las pruebas y me dicen que se trata de un embarazo anembrionario.


Me dan opciones para poder expulsar al embrión que dejó de crecer, fue una decisión difícil de asimilar. Mi marido y yo no entendíamos que nos estaba pasando y por qué había ocurrido esto, así empezamos nuestro proceso de duelo.


 Cuando estas cosas ocurren, te pasan por la mente un sin fin de pensamientos negativos y la culpa intenta apropiarse de ti, quizá no te cuidaste lo suficiente, no te alimentaste bien, tal vez uno de los dos tiene problemas que impiden que un embrión no llegue a desarrollarse con normalidad.… así, la lista va en aumento. Déjame decirte que nada de eso es cierto, no eres culpable, no tienes el control de las cosas que suceden en la vida, simplemente suceden y ya, a veces hacerse tantas preguntas intentando encontrar respuestas correctas empeora nuestra situación,  ni los médicos saben explicarte exactamente lo que sucede, te pueden dar posibles causas como: la edad que en la mayoría de los casos no está a nuestro favor a partir de los 35 años, los óvulos envejecidos no tienen la misma fortalece para que el embrión continúe desarrollándose, el estrés y muchos otros factores, a la vez ninguna con exactitud.


¿Qué hacer frente a esto? 

  • Sé paciente contigo misma para que tu proceso de duelo siga su curso, el tiempo es sabio y cura las heridas, incluso tenemos derecho a sentirnos así, eso no es malo, también debemos trabajarlo y esforzarnos por superar la pérdida. 
  • En caso que esto empeore, busca ayuda profesional, acude a terapias que te ayuden a curar estas heridas.
  • Cuenta con la familia, siempre y cuando no te presionen a salir de este estado lo antes posible, seguramente querrán llenarte de consuelo. Cada persona vive su duelo de una manera distinta y eso hay que respetarlo, en caso que haya algo que te moleste de sus consejos o comentarios, sincérate y hazles saber tu enfado. 
  • Háblalo con tu pareja, ambos estáis sufriendo, es importante el apoyo y comprensión mutua. 
  • Habla con tus hijos en caso de tener hijos, hazles saber cómo te estás sintiendo y que esto afecta a todos, no podemos aislar a nuestros hijos de la realidad que estamos viviendo, aunque sean muy jóvenes lo entenderan. 
  • No te presiones por quedar embarazada inmediatamente, debes esperar un tiempo, tu cuerpo también necesita reponerse. Los profesionales de la salud aconsejan esperar a partir de los 6 meses para adelante hasta que te encuentres bien tanto a nivel emocional, familiar y físico. 
  • Mima tu cuerpo, aliméntate bien, cuida tus rutinas de sueño y el ritmo de vida. 
  • Sal de paseo o de viaje, invita a tus amigas, aquellas expertas en escuchar más que aconsejar, probablemente sólo quieras hablar y desahogarte.
  •  Inicia un nuevo curso, quizá retomar estudios aparcados por ahí.
  • Ocupa tu mente con actividades que te ayuden a salir de la pérdida. 
  • Cuando esto pase, tu cuerpo lo sabrá y en algún momento tendrás la fortuna de quedar nuevamente embarazada.
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