El Poder de las Palabras Negativas

Cuántas veces a lo largo del día pronunciamos palabras negativas en contra de nuestros hijos, ya sea porque estamos enfadadas, porque recibimos una nota de la profesora con una queja de su mal comportamiento, en casa el niño no me quiere obedecer, no realiza sus deberes, no colabora con las tareas de la casa, no organiza sus cosas, no limpia su habitación…Podemos seguir el listado y seguramente encontraremos una justificación para todo.

Mientras más te empeñas en mostrar y gritar a voces su desobediencia y su mal comportamiento, menos se esforzará por hacer lo contrario, pues no encuentra una simple motivación que cambie la opinión de los demás hacia él, haga lo que haga ante los ojos de sus padres que aparentemente conocen bien a sus hijos, pero no apuestan por ellos, seguirá siendo el malo de la película, por eso no se esfuerza e irá marcando su personalidad y su rebeldía en contraposición a sus padres y adultos. Esas palabras que constantemente escuchaba “eres malo”, “vago”, “desobediente”, “ya no te quiero” están convirtiéndose en el dueño de sus actitudes.

A medida que crece, poco a poco esas actitudes y la influencia de su entorno lo hace más fuerte, más duro, ya no siente la disciplina, los castigos que al final eran agresiones físicas o gritos no tienen ningún efecto en él, y cuando te das cuenta ves un niño que desconoces y que no pretendías formarlo de esa manera. El tiempo ha pasado y tus palabras tuvieron poder.

No es tu hijo o hija el malo, el desobediente, el perezoso, es su actitud, tu rechazo debe ser al tipo de actitud que está tomando. Si es muy pequeño, supervisa sus acciones y oriéntale a hacer lo correcto, y si es mayor de tres años continúa trabajando enseñándole y marcando rutinas en sus actividades, estableciendo las normas en tu casa y al mismo tiempo límites que le enseñarán hasta dónde debe llegar y por qué no transgredir dichos límites, enséñale las consecuencias de sus actos.

Los castigos no deben ser gratuitos sin antes haberle advertido. Recompensa su buen comportamiento o actitud con un abrazo, una comida de su preferencia, una salida por el parque o el cine. Por ejemplo, no estaba acostumbrado a recoger su taza del desayuno o los platos de la cena y esta vez sin órdenes lo hizo, eso merece un abrazo y un beso, poner cara de contenta y decirle que te agrada su actitud, será una dosis de motivación para seguir adelante.

Observa cada detalle y no te fijes solo en lo que más resalta ante tus ojos; sino, observa minuciosamente las pequeñas cosas en las que se está esforzando y sin previo aviso sorpréndele con tus obsequios, evita usar como obsequio o recompensa lo material, hay muchas formas de recompensar a los hijos, una de ellas son las que menciono más arriba.

Si tu hijo o hija alcanzó los diez años, puedes empezar usando otro tipo de estrategias para demostrarle tu agrado.

De la misma forma como las palabras negativas pueden marcarles, las palabras positivas también. Empieza diciendo lo contrario, por ejemplo, confío en ti, sé que lo puedes hacer, hoy te irá bien, no eres malo, solo que a veces haces cosas que no están bien, me entristecen y me molestan, sé bueno, comparte tu merienda con tus amiguitos, presta atención a la profesora. No te canses de hablarles positivamente, aunque creas que ellos no te escuchan e insistan en su comportamiento, no consientas su indisciplina o desobediencia; pero tampoco les grites, no les amenaces, ni muchos menos maltrates físicamente. Tú también como madre o padre puedes cambiar de actitudes a la hora de educar, instruir y disciplinar.

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