El amor a los hijos no debe estar ausente, sino presente

Con el trabajo, los problemas personales y familiares. Las idas y venidas, y el trajín de la vida juega una mala pasada que hace en la mayoría de los casos olvidar  que los hijos les esperan en casa. Los niños aunque no utilicen el lenguaje del adulto para expresar lo que sienten o piensan, tienen unas necesidades afectivas enormes que deben ser cubiertas por sus padres.

No es necesario  justificarse que se trabaja por ellos, que se lucha por ellos y que se vive por ellos; puede entenderse en ocasiones como una excusa que alivia un peso interno que se llama “sentimiento de culpa” cuando no se puede dedicar el tiempo necesario e imprescindible que sus pequeños y adolescentes hijos necesitan y demandan de los padres.

Probablemente se pregunten. Entonces, ¿Qué hago?, ¿No trabajo por dedicarme a ellos?.

¡Claro que se debe trabajar!.

El problema no es el trabajo, sino  las horas y horas que nos consume el trabajo mientras se pierde inevitablemente cada día precioso de los hijos.

Los hijos necesitan tiempo de calidad, necesitan sentir y comprender que a sus padres les  importa mucho lo que estos pequeños hacen cuando  no están con ellos, lo que les sucede en el colegio, sus inquietudes, sus dudas y curiosidades. Para ellos también un día puede ser, día de muchas dificultades y obstáculos y necesitan contarle a alguien, y ¿qué mejor que sus padres?

También los hijos cargan sus propias mochilas que poco a poco se va llenando de tristeza, de soledad, vacío, falta de atención y frustración. Depende de los padres vaciar esa mochila o ayudar para que pese mucho más.

Si no ven a sus hijos durante todo el día, deben  tomarse unos minutos para conversar y  preguntarles cómo les fue en la escuela, qué tareas consiguieron realizar sin dificultades, qué problemas se presentaron mientras sus padres estaban fuera de casa, trabajando, qué amigos nuevos hicieron, siempre habrá un tema de conversación que sirva de hilo para tirar más del ovillo.

Es fundamental y sirve de  vitaminas para el alma demostrarle con el contacto físico, a través de un abrazo, un beso y palabras de amor y amabilidad, que les echaban de menos y que esperaban ansiosos el regreso a casa para verles y llenarles de mucho amor, ayudará a sus hijos a ser comprensivos con los padres.

Estos pequeños gestos, aportará a vuestros hijos en su salud emocional.

“Es mejor demostrar a los hijos el amor con hechos que con palabras”